El Programa Interdisciplinario de Investigación Escolar (PIIE). Un cambio de paradigma.

Comparto mi presentación para el IV Encuentro de Red INCHE, en la que mostré una innovación bastante interesante en la que se forma en investigación científica y académica a estudiantes de educación media, y como esta supone un avance a cambiar el paradigma educativo. También pueden hacer clic aquí para ver un documental sobre este mismo proyecto.

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Chile otorgará becas de posgrado en áreas estratégicas

Un reportaje para la revista Science and Development Network (SciDev.net) para el que entrevistaron, entre otros actores, al equipo de coordinación de Red INCHE, en el cual participo.

[SANTIAGO] A partir de 2018, el programa estatal Becas Chile, que financiaestudios de posgrado en el extranjero, enfocará la mayor parte de sus recursos en áreas de estudio e investigación prioritarias para Chile.
Con esto, el programa creado en 2008 pone fin a una modalidad de entrega de becas basada en la libre demanda de los postulantes y guiada por su excelencia académica y la calidad de las universidades y programas escogidos por los beneficiarios.

Así, hasta 2017 la mayoría de las becas se concentraron en Ciencias Naturales (35,2 por ciento) y Ciencias Sociales (24), seguidas por Humanidades (15,1) e Ingeniería y Tecnología (12,2), mientras que las de menor demanda fueron Ciencias Médicas y de la Salud (6,9) y Ciencias Agrícolas (6,7).
“Estamos revisando qué necesita el país, de modo que una parte será de libre elección y una parte apuntará a la necesidad que tienen las universidades, empresas y el Estado en términos de formación de capital humano avanzado”, dice a SciDev.NetCristián Nicolai, director Ejecutivo de Conicyt.
El anuncio, hecho por el presidente del Consejo de Conicyt, Mario Hamuy, el 27 julio, fue bien recibido por asociaciones de estudiantes de posgrado y de investigadores.
El Equipo de Coordinación Red INCHE, que reúne a investigadores chilenos en España, dice a SciDev.Net que la decisión “brinda a Becas Chile un sentido público que orienta los criterios de selección de los becarios y sus programas en base a un objetivo país”.
La Asociación Nacional de Investigadores de Postgrado (ANIP), señaló en el diario El Mercurio que “puede ser un mecanismo para asegurar la inserción laboral de estudiantes de posgrado que ahora vuelven en condiciones precarizadas”.
Al hacer el anuncio, Hamuy señaló que las áreas estratégicas aún no han sido definidas.

Sin embargo, la decisión que se tome despierta inquietud. “Es razonable que un país decida dónde priorizar recursos, pero al definir áreas prioritarias se corre el riesgo de no elegir bien, dejar fuera áreas que hoy no se visualicen como importantes pero que mañana podrían serlo o que la decisión se guíe por criterios economicistas”, opina Ariel Orellana, vicerrector de Investigación y Doctorado de la Universidad Andrés Bello.

Para reducir estos riesgos, Red INCHE considera “de vital importancia incluir a la comunidad de investigadores y académicos en la definición de áreas de interés, en un trabajo conjunto entre Conicyt, las universidades, las sociedades científicas y el sector productivo”.

Áreas prioritarias de Becas Chile

Carta publicada en El Mostrador sobre el anuncio de áreas prioritarias de Becas Chile

 

Señor Director:

Hace unos días nos enteramos de que, en el marco del proyecto del Ministerio de Ciencia y Tecnología, CONICYT ha decidido asignar las Becas Chile para postgrado en el extranjero priorizando áreas estratégicas para el desarrollo del país. Parece una acción razonable y que apunta en una dirección correcta, pero muchas dudas surgen desde el anuncio.

La pregunta que todos y todas nos hacemos es ¿cuáles son estas áreas y dónde podemos encontrar la estrategia de desarrollo a la cual responden? Es claro que algunas áreas se potenciarán, pero ante recursos limitados, otras se verán afectadas, y en un país donde la tecnocracia abunda y lo que no se mide con números normalmente no importa, quienes más tememos hoy somos los investigadores de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes.

Para evitar que el proceso sea más conflictivo de lo necesario, más importante que resolver cuáles son esas áreas será transparentar dos cosas. En primer lugar, quién las definirá. ¿Un grupo pequeño de “expertos” entre cuatro paredes, o actores diversos mediante un proceso participativo? Pero segundo, y más importante aún, será necesario explicitar a qué tipo de desarrollo responderá la definición de áreas estratégicas. ¿Sólo al crecimiento económico o a un desarrollo sustentable e integral que considere todas las dimensiones del ser humano y la sociedad?

De más está decir que sin complementarlo con una verdadera política de retribución, este nuevo cambio solo significará un redistribución de privilegios, sin nuevas responsabilidades que permitan un aporte real al desarrollo del país.

Javier Pascual Medina
Coordinación Red INCHE – Investigadores/as Chilenos/as en España

Becas Chile: Más que un subsidio, una inversión país

Una columna mía publicada recientemente por El Mostrador sobre el debate de Becas Chile.

Durante las últimas semanas hemos visto surgir un debate asociado al programa de Becas Chile para estudios de postgrado en el extranjero. En éste se critica que el programa está orientado a beneficiar a un sector privilegiado y que no contribuye a la equidad social. Al mismo tiempo, la mayoría desde un posicionamiento muy marcado, proponen soluciones orientadas a introducir más mercado, reduciendo la formación de profesionales e investigadores a un bien de consumo transable por pagarés en blanco y una suerte de créditos que tendrían que devolverse parcial o totalmente al retorno.

Las críticas olvidan el valor social de Becas Chile, y lo reducen a un financiamiento privado que únicamente otorga beneficios individuales. Concebir el programa de esta manera tiene dos problemas fundamentales.

Por un lado, asume la cuestionable idea de que los beneficios individuales de estudiar en el extranjero serían siempre mayores que sus costos. Ante esto, es necesario considerar la cantidad excesiva de costos que puede tener estudiar fuera del país, especialmente en los programas de doctorado que en promedio duran cinco años (o cuatro más un magister exigido como base, como es el caso europeo), periodo en el cual el becario debe residir con Visa de estudiante, que en muchos países no permite tener una actividad remunerada, o la restringe a pocas horas semanales. Becas Chile calcula dicho coste, dependiendo del país, en unos 25.000 dólares al año en promedio, valor que parece alto para Chile, pero en algunos países sitúa al becario dentro de los deciles más bajos de ingreso, especialmente a quienes tienen familias.

A esto se suma que cerca de 11.000 profesionales, académicos e investigadores están desempleados, según datos del INE del 2016, lo que sugiere una proyección laboral aún menos prometedora.Al costo directo se suma también un costo indirecto, como la desvinculación con las redes e instituciones chilenas por un largo periodo de tiempo, o una laguna de cotizaciones de varios años que afectará posteriormente en la propia jubilación. Con todo, no es claro que esta elevada inversión sea compensada posteriormente a nivel individual. Una reciente encuesta de ANIP muestra que un 12% de los retornados hoy está desempleado, cifra bastante mayor al porcentaje nacional, y de aquellos que sí han logrado insertarse laboralmente el 50% lo hace bajo condiciones contractuales precarias.

Por otro lado, concebir las Becas Chile únicamente como un beneficio individual desconoce el objetivo del programa como una inversión país. En el sitio web del programa rescatan que su finalidad es “insertar a nuestro país en la sociedad del conocimiento y dar un impulso definitivo al desarrollo económico, social y cultural de Chile”.

Dado esto, Becas Chile no tiene ningún sentido si no intenta agregar valor al desarrollo del país en su conjunto, y es por lo mismo que excluye desde el principio programas de MBA y otros postgrados orientados a la gestión de empresas privadas, que tienen un beneficio mucho más claro para el becario, y mucho más difuso para el desarrollo colectivo. El programa no es un subsidio individual, ni un premio a la trayectoria, sino una apuesta que hace el Estado por formar expertos que luego contribuyan en áreas estratégicas de desarrollo.

Privatizar Becas Chile significaría que el país se desvincule del desafío del desarrollo, y lo transfiera a voluntades individuales que además se verían notoriamente disminuidas, considerando que es una inversión que posiblemente no recibirá las utilidades esperadas. La concepción de Beca Chile como bien público abre nuevas aristas sobre cómo abordar el resto de las críticas. Por ejemplo, en vez de preguntarse cómo hacer la asignación de becas más equitativa por nivel socioeconómico (lo que parece poco pertinente y muy ineficiente considerando que las desigualdades en Chile se originan desde la cuna y se debieran atacar en edades más tempranas), tendríamos que preguntarnos de qué manera los becarios pueden y deben contribuir, desde el saber experto, en la generación de tecnologías y estrategias diversas para la disminución de la desigualdad. Así mismo, cabe cuestionar la crítica de que un porcentaje de becarios asiste a universidades que no están entre las mejores del mundo, preguntándonos si estos rankings miden efectivamente una calidad de formación pertinente para los desafíos de desarrollo de Chile, o si sus criterios propician la formación de capital humano en escuelas heterogéneas que aporten al país miradas diversas para encontrar soluciones innovadoras a los desafíos actuales.

El problema de esto es que incluso la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICYT) pareciera no tener muy claro cómo concebir las becas, y se nota en varios aspectos del sistema. Quizás el más evidente es la selección de becarios, que incluye en el mismo saco a profesionales de las más diversas áreas y las ordena bajo un puntaje estandarizado, sin una estrategia clara de focalización de recursos en ejes clave para el desarrollo. Otro aspecto visible es la actual política de retribución, que únicamente y de forma rígida exige retornar al país, sin complementarse con una estrategia de inserción que asegure una contribución efectiva al desarrollo de Chile.

El mensaje que envía esta política es que el beneficio es individual, y que no es necesario que el trabajo posterior con las herramientas aprendidas signifique necesariamente un aporte para el país. Una selección y focalización de recursos más estratégica y una flexibilización de opciones de retribución (que incluya, entre otras cosas, la generación de conocimiento pertinente para Chile, la publicación en revistas chilenas o la creación de vínculos interuniversitarios o con instituciones internacionales) podrían enviar un mensaje distinto, en el que se entienda claramente que el objetivo de CONICYT es potenciar el desarrollo científico y tecnológico del país.

La diáspora científica

Un reportaje en La Tercera que habla de Redes Chilenas (ReCh) una agrupación de científicos chilenos en la que participo, y que la semana pasada se reunió en Barcelona con el jefe de gabinete de Conicyt para conversar temas importantes para los becarios en el extranjero.

Por primera vez los becarios chilenos en el extranjero formaron una sola agrupación. Se llama Redes Chilenas de Investigadores (ReCh) y quieren participar en la política pública sobre ciencia y flexibilizar las reglas de las becas. Hace dos semanas tuvieron su estreno en sociedad. Aquí los presentamos.

La diáspora científica

Raúl Cortés (36) es biólogo marino. En 2010 se fue a Barcelona a estudiar un magíster en Acuicultura gracias al programa Becas Chile de Conicyt y luego hizo un doctorado con una beca que le dio el Instituto de Acuicultura de Torre de la Sal, en España. Volvió a Chile a comienzos de este año con ganas de trabajar en una universidad o un laboratorio, pero no le ha ido bien. “Había escuchado que hay demasiados investigadores y pocas vacantes, pero no creí que iba a ser tan difícil”, dice.

Él pensó que haberse especializado en cómo se alimentan los peces que están sometidos a una alta densidad le daría una oportunidad en las salmoneras, pero “la industria no se interesa en los investigadores”, dice. Hoy vive en la casa de sus papás en Chillán y está sin trabajo. Después de cinco años en el extranjero, cuando volvió le llamó la atención cómo aumentó la cantidad de autos en esa ciudad y piensa que podría haber estudiado técnico automotriz en vez de su doctorado en Acuicultura. “Yo creo que me iría mejor. De hecho, si me preguntan, recomendaría ir a estudiar afuera algo técnico en vez de científico”, dice.

Raúl está viviendo una realidad que inquieta a los becarios que se están perfeccionando en el extranjero: a qué van a volver a Chile. Daniela Díaz (28), estudiante de un doctorado en Biomedicina en la Universidad de Barcelona, dice que “todo el mundo está hablando de esto y no puedes hacerte el tonto con el tema”, mientras que Ítalo Cuneo (31), quien sigue un PhD en Horticultura y Agronomía en la Universidad de California Davis, en Estados Unidos, se queja de que no existe una política estable y continua de inserción laboral de investigadores, y agrega que el problema va a empeorar, porque la gran ola de estudiantes en el extranjero se fue entre 2011 y 2013, y todavía no regresa al país.

Ítalo no se quedó en la queja. Él y su compañero Félix Bacigalupo, también de la UC Davis, mandaron más de 30 cartas a La Moneda, al Ministerio de Educación, a Conicyt y a cada miembro de la comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados pidiendo modificar el Decreto 664 que rige las Becas Chile y flexibilizar algunas reglas.

Primero, los becarios pretenden que se extienda de dos a cuatro los años de gracia para obtener el grado de doctor y volver al país, y de uno a dos años para los estudiantes de magíster. Hoy, Conicyt les da dos y un año de gracia, respectivamente. Los estudiantes argumentan que hay varios países donde los programas de doctorado duran, en promedio, seis o siete años, y el tiempo que les impone Conicyt no les alcanza.

Argumentan que ese cambio ya se hizo con las becas nacionales hace un año –desde el año pasado, los becarios tienen cinco años para obtener el grado académico contados desde el término de la beca- y quieren la homologación.

Otro punto que piden es analizar nuevas fórmulas para retrubuir al Estado lo que invirtió en su beca. “Tal como está la norma hoy, te exigen volver, pero no te dicen a qué. O sea, puedo volver a jugar paletas en la playa y estaría cumpliendo”, dice Cuneo.

También explican que si un becario de magíster quiere cursar un doctorado o, a su vez, uno de doctorado quiere seguir perfeccionándose con un posdoctorado, está obligado a postular a otra beca Chile. “Si te ofrecen hacerlo con fondos extranjeros no puedes hacerlo. Es lógico que se debiera permitir”, dice Bacigalupo.

Luego de mandar las cartas, los becarios UC Davis tuvieron una respuesta casi inmediata del diputado Enrique van Rysselberghe, quien les consiguió un espacio para exponer en la comisión a los pocos días. Ahí les pidieron redactar un proyecto de acuerdo. “No lo podemos escribir solos”, pensaron Cuneo y Bacigalupo, y contactaron a las otras redes de estudiantes chilenos en el extranjero.

Ese fue el puntapié inicial para la creación de Redes Chilenas de Investigadores (ReCh), que reúne a 15 grupos de investigadores chilenos en países como Estados Unidos, España, Holanda, Inglaterra y Australia. ReCh hizo su aparición oficial hace dos semanas durante la conferencia Encuentros Barcelona, donde estaba invitado Christian Nicolai, director ejecutivo de Conicyt, con quien tenían agendada una reunión, pero Nicolai no asistió porque acá se está discutiendo el presupuesto de Conicyt.

Los 14 representantes de ReCh se juntaron entonces con Patricio Espinoza, jefe de gabinete de Nicolai, y Fabiola Cid, subdirectora de Atención y Seguimiento de Becarios del Programa Formación de Capital Humano Avanzado.

Cuneo explica que no se agruparon con el fin de pelear por cualquier cosa: “Somos gente seria, que estudia doctorados o magísteres, dispuesta a hacer un trabajo a largo plazo y vamos a aportar con propuestas”. Actualmente tienen varias comisiones trabajando en ellas. Según él, la gente de Conicyt les comentó que los cambios al Decreto 664 tienen un 90 por ciento de avance y que están abiertos a recibir ideas sobre reinserción y retribución de los becarios, tomando en cuenta que sólo el próximo año tienen que volver al país cerca de 500.

En ReCh aseguran que “quieren devolver la mano” al país, pero proponen crear una política de retribución “eficiente y bien pensada”. “Volver a Chile a manejar Uber es muy frustrante después de haber estudiado afuera”, dice Alexia Núñez, de Nexos Chile-USA, quien forma parte de la comisión que estudia propuestas. Ella plantea que los investigadores pueden aportar desde el extranjero teniendo una filiación académica con una universidad chilena para promover el intercambio de conocimiento, de estudiantes y de profesores. También se pueden generar colaboraciones científicas entre distintos centros de investigación, hacer tutorías de tesis de pre y posgrado, además de cursos y talleres en Chile. En ReCh también están elaborando una hoja de ruta que permita aumentar la inversión en I+D del país a un dos por ciento del PIB de aquí al 2030.

Francisco Brieva era presidente de Conicyt cuando se hablaba de modificar el Decreto 664. Según él, si bien la estructura de los programas de becas debe ser actualizada, quienes acceden a ellas conociendo de antemano las reglas, después se quejan de que no les gustan las condiciones. “Muchos jóvenes sienten que estas becas son un premio al talento o a la excepcionalidad, y se confunde la noción de responsabilidad porque, así como está planteado, este no es un premio, es una apuesta que hace el Estado y por el que exige retribución”, dice.

Los montos que pone el Estado en estos becarios no son pocos, tomando en cuenta el acotado presupuesto para ciencia. Sólo en 2015 para los estudiantes de doctorados la cifra alcanzó a 32 mil millones de pesos (el doble que hace cinco años) y para magíster, 19 mil millones de pesos. Eso quiere decir que el país está gastando, en promedio, 57 millones de pesos por cada becario que se está doctorando y 33 millones de pesos por quien estudia un magíster. ¿Debe además el Estado asegurarles un cupo laboral si los prepara en el extranjero? Brieva cree que sí, al menos por ahora: “Si en esta etapa primaria del desarrollo científico no se realiza este esfuerzo, no vamos a avanzar y seguiremos siendo mediocres. Ese es el drama”, dice.

Por su parte, Ítalo Cuneo responde que el programa de becas es una política de inversión país y si no logran insertarse, el Estado no capitaliza su inversión. “Yo te aseguro que los becarios de mi generación quieren volver a Chile y ojalá impactar al mundo público desde la ciencia”, explica.

¿CÓMO LO HACEN LOS OTROS?

Francisco Brieva explica que en los países desarrollados, como Estados Unidos, no existe el esquema de becas del Estado para financiar doctorados, y son los centros de investigación o laboratorios los que financian al investigador mientras hace su doctorado trabajando en ese centro.

Brasil tenía un criterio similar a Chile, pero hace tres semanas flexibilizó el compromiso de volver al país, siempre y cuando los becarios -30 días antes de la fecha de retorno- presenten un proyecto de desarrollo científico que es evaluado por un comité que aprueba o no la decisión de posponer el retorno del becario. La justificación de este cambio, explica Roxana Chiappa, candidata a doctora en Educación Superior de la U. de Washington, tiene que ver con que hay un gran número de personas que no estaba cumpliendo con el criterio de regreso inmediato.

En Argentina, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva tiene el programa Raíces, cuyo propósito es fortalecer las capacidades científicas del país por medio de políticas que buscan el retorno de investigadores argentinos residentes en el exterior, la vinculación laboral con ellos y la permanencia de los que ya están en el país. El programa ha repatriado a más de 1.200 científicos financiando proyectos locales de investigación.

Liderazgo escolar en tiempos de crisis. El caso de dos liceos del centro sur de Chile después del 27F


Un estudio titulado “Liderazgo escolar en tiempos de crisis. El caso de dos liceos del centro sur de Chile después del 27F.”, escrito junto a Denis Larraguibel, Daniela Zenteno y Francisca Guarda, utilizando información extraída de una consultoría de cuatro años en apoyo a dos liceos que fueron destruidos por el terremoto acontecido el 27 de febrero de 2010 en Chile, en el que se explora cómo sus líderes lograron mantener estos liceos e incluso mantener la mejora de aprendizajes. Pueden encontrarlo aquí.

Resumen:

El presente artículo tiene como objetivo identificar prácticas de liderazgo y gestión escolar efectivas en tiempos de crisis dentro de los establecimientos educativos, que permitan mantener un funcionamiento normal durante el tiempo que lleve su resolución. Se entiende como crisis un cambio de mayor intensidad que produce un desajuste en el funcionamiento de una organización, y entre ésta y el contexto. Para cumplir con el objetivo de investigación, se realizó un estudio de casos en el que se hizo un seguimiento de dos liceos de la zona centro sur de Chile que fueron damnificados por el terremoto ocurrido en febrero de 2010, a través de metodologías mixtas que incluyeron entrevistas, focus groups, encuestas, técnicas proyectivas y revisión de información secundaria. Se identificaron tres líneas de acción relevantes: a) mantener el foco en lo pedagógico a pesar de las adversidades; b) propiciar un liderazgo distribuido, empoderando a los actores relevantes y promoviendo la participación escolar; y c) asegurar una estrategia de comunicación que sea para todos, permanente y por canales formales para reducir los niveles de ansiedad. Adicionalmente, cuando es pertinente, se vuelve importante la apertura hacia el apoyo externo y la asesoría sin miedo a mostrar las debilidades internas.

 

Liderazgo Escolar en Tiempos de Crisis (Presentación para CIIE 2014)

Una presentación realizada en el Congreso Interdisciplinario de Investigación Educativa 2014, sobre un estudio en dos liceos del centro sur de Chile que, gracias a un efectivo liderazgo, mantuvieron su mejora a pesar de ser destruidos por el terremoto del 27 de febrero de 2010. El estudio fue realizado junto a Denis Larraguibel, Daniela Zenteno y Francisca Guarda.