Archivos para enero, 2011

La Fundación Pearson ha realizado un pequeño pero muy ilustrativo reportaje que intenta mostrar cómo Shanghái ha logrado en tan poco tiempo avances tan importantes. Si bien hay que entender que son contextos absolutamente distintos, el reportaje da ciertas pistas de hacia dónde debemos dirigirnos. (Subtitulado en Ingles)

Puedes ver el video en la página orignal AQUÍ

De las cosas que se mencionan, hay tres que a mí me parecen fundamentales:

1. Colaboración entre escuelas (principalmente entre las mejores y las peores) y delegación de asesoría a organizaciones especializadas, lo que libera de la sobrecarga a los distritos.
2. Mejoramiento, empoderamiento y modernización de los directores y equipos directivos.
3. Apoyo a los docentes, enfocandose en mejorar sus prácticas de manera permanente.

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María Jesús Lavín, hija del ministro de educación Joaquín Lavín, renunció a su derecho a la Beca Vocación de Profesor, la cual merecía por obtener más de 600 puntos en la Prueba de Selección Universitaria. Una fuerte discusión se levantó a causa de este hecho, que se configuró alrededor de la siguiente pregunta: ¿es correcto que se utilicen fondos públicos en financiar los estudios de los más aventajados del país?

Para responder esta pregunta, primero se deben tener algunos conceptos claros. Existen dos tipos de becas en educación superior definidas según sus objetivos: (1) becas de equidad y (2) becas de incentivo. Las primeras buscan principalmente beneficiar a los sectores más vulnerables, financiando en parte o la totalidad de la carrera a alumnos de escasos recursos o financiando gastos extras como las fotocopias, el almuerzo o el transporte. Becas como esta existen varias, como la Beca Presidente de la República o la Beca Indígena, entre otras.

El segundo tipo de becas son las becas de incentivo. Buscan principalmente atraer a los mejores alumnos a una universidad o una carrera determinada, motivando a los postulantes a través de estímulos financieros. Becas como ésta las dan muchas universidades privadas con el objetivo de captar buenos alumnos que, aunque puedan pagar la carrera en otra parte, prefieran hacerlo gratis en ésta. La universidad aquí no otorga la beca por caridad, sino como una estrategia publicitaria, pues un buen alumno mejora la posición de la institución en los rankings y aumenta el prestigio. Otro ejemplo de becas de incentivo pueden ser las becas del Programa de Formación de Capital Humano Avanzado que otorga CONICYT para estudios de post grado, la cual busca estimular a los mejores estudiantes a continuar sus estudios, independiente de su situación socioeconómica, para aumentar el desarrollo del país.

Dentro de la misma línea, es claro que mientras que el fin de las becas de equidad es igualar el acceso a la educación superior y paliar los efectos de las diferencias familiares y de formación básica y media, las becas de incentivo buscan fines que están más allá de la posibilidad del postulante a estudiar, objetivos como mejorar el prestigio de una universidad o aumentar el crecimiento económico del país.

La Beca Vocación de Profesor calza con el segundo grupo, pues lo que busca no es financiar la carrera de pedagogía de los que no pueden hacerlo, sino incentivar buenos alumnos a estudiar pedagogía en una buena universidad en vez de otra carrera o en una escuela que no esté acreditada. Así mismo, el fin de esta beca no es mejorar la equidad en las escuelas de pedagogía, sino mejorar la calidad de la enseñanza en la educación pública. Con esta beca, la inequidad se intenta atacar directo al corazón, y no parchando momentáneamente como lo hacen las becas de equidad.

La interrogante configurada más arriba, entendiendo lo anterior, se contesta con un rotundo Sí, es correcto entregar la beca a las clases más aventajadas. La beca debe ser para todos por igual, pues lo que busca es incentivar a que los mejores alumnos, independiente de si son los mejores por sus méritos o por una situación inicial ventajosa de mejor educación y mayor apoyo familiar, a arriesgarse a estudiar una carrera que en Chile tiene poco prestigio y bajos sueldos. La beca busca que después de 5 años una persona con capacidades enseñe en establecimientos municipales en vez de ser un médico promedio en una consulta privada o el gerente de la empresa de su padre. El fin no se enfoca en los estudiantes universitarios de hoy, sino en los niños del mañana.

La pregunta que hay que hacerse no es si debe entregarse a todos la beca, sino más bien si los requisitos para postular deben ser iguales. ¿Es lo mismo obtener 600 puntos para un alumno de un liceo municipal que para uno de un colegio que cobra $400.000 mensuales? Claramente no. Los 667 puntos de María Jesús Lavín estaban lejos de demostrar que es una de “las mejores” para estudiar pedagogía pues, dada su situación inicial, está bastante dentro del promedio. Negar la beca a las clases más aventajadas resulta poco producente para los objetivos de la misma, pero se hace urgente discutir si los requisitos para recibirla deben ser iguales para todos y si 600 puntos significan lo mismo para un alumno de estrato social bajo que para uno de clases más acomodadas.