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PISA: El Avance No Reconocido

Publicado: diciembre 28, 2010 en Opinión

Hace unas semanas aparecieron los resultados de la prueba PISA, evaluación de rendimiento en lenguaje, matemátca y ciencias que gestiona la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD por sus siglas en inglés), de la cuál Chile es miembro, y que se aplica cada 3 años a alumnos de 15 años de varios países del mundo.

Los resultados mostraron avances importantes de nuestro país tanto en calidad como en equidad. El resultado promedio subió con el mayor delta de todos los países evaluados, y este aumento se debe sobre todo al mejoramiento de las escuelas más vulnerables del país, lo que se traduce entonces en una disminución de las brechas socioeconómicas, así como en la amortiguación del impacto que genera el nivel socioeconómico en los resultados de aprendizaje. Además, a pesar de estar muy por debajo de los países de la OECD, lideramos el ranking cuando se trata de los países latinoamericanos, una buena noticia cuando ponemos un pie en la tierra y recordamos que estamos lejos de ser un país desarrollado.

La semana pasada asistí al seminario organizado por el CEPPE y MIDE UC, “Chile en PISA 2009. ¿Por qué estamos donde estamos?“, en el cual expusieron Guillermo Montt, analista del equipo OECD PISA 2009, José Joaquín Brunner, director del Centro de Políticas Comparadas en Educación de la UDP, y Harald Beyer, coordinador académico del Centro de Estudios Públicos. El seminario resultó bastante interesante, y me gustaría compartir algunas ideas y apreciaciones personales sobre lo que se habló.

Me llamó la atención en primer lugar que el énfasis de los tres expositores estuvo en recalcar que en estudios de educación comparada no es posible encontrar relaciones de causa de los resultados. En otras palabras, determinar qué hace Shangai que no estemos haciendo nosotros para obtener los mejores resultados resulta muy difícil pues, como ya he dicho en incontables ocasiones, la educación es sistémica y depende de varios factores que se entrelazan. Ya el hecho de que en China haya un pensamiento originado en la filosofía confusiana, mientras que aquí prima la filosofía occidental prima convierte las políticas públicas en un tema complejo, ya que una política no funciona automáticamente, sino gracias a una sociedad que se mueve sobre una línea de pensamiento. Brunner sugería que necesitamos más gente investigando sobre filosofía confusiana y menos sobre los mismos resultados.

Aún dicho lo primero, es posible mostrar ciertas relaciones estadísticas y tomarlas como ideas, pistas que pueden guíarnos hacia un camino más acertado o, al menos, hacer que no nos desviemos en exceso. Entre ellas, me llamó mucho la atención el hecho de que no hay una relación estadísticamente significativa entre las horas que se dedica a enseñar lenguaje y la capacidad lectora, dato que se contradice con la famosa “reforma curricular” de la cual se viene hablando hace un tiempo. Tampoco se encontró (como lo ha dicho la literatura siempre) una relación entre el tamaño del aula y los resultados. De hecho, Corea del Sur es uno de los países con mejores resultados académicos y sus cursos bordean los 40 alumnos en promedio. Esto se debería principalmente a que las aulas más grandes permiten una mayor selección de docentes, dejando sólo a los profesores competentes. Incluso no se encontró una relación significativa entre los recursos monetarios invertidos en educación y el avance en los resultados. El ejemplo más claro de esto es Estados Unidos, país ha invertido en los últimos años una enorme cantidad de recursos en el área y sin embargo no ha logrado aumentar sus resultados en esta prueba ni un solo punto. No se trata de invertir más o menos, sino de gestionar los recursos y de ejecutar las políticas lo más eficientemente posible.

Donde sí se encontró una relación significativa fue entre el sueldo promedio de los profesores en un país y los resultados académicos de este. Esto no tiene que ver tanto con el sueldo mismo, sino con el prestigio social de la profesión docente representado a través del sueldo. Países donde los docentes están a la misma o mejor posición social que los médicos y los ingenieros (bien merecido por lo demás), son países donde los mismos sienten una mayor responsabilidad y compromiso, están mejor preparados y desempeñan mejor y más satisfechos su rol.

Otro punto interesante es que los datos muestran que no hay ninguna relación entre calidad y equidad. Es decir, al contrario de la creencia popular, no es necesario sacrificar la calidad para mejorar la equidad o viceversa, y ambos pueden crecer a la vez mediante una buena estrategia a nivel nacional.

Todos estos resultados, sin embargo, no han sido tomados en cuenta por la prensa, básicamente a causa de la contradicción que se encuentra entre estos y los de la prueba SIMCE. El año 2000, cuando salieron los primeros resultados, Chile salió en el último lugar del ranking. Los titulares gritaban fuerte “Chile tiene la peor educación del mundo”, sin siquiera tomar en cuenta que sólo se comparaba con países de la OECD, y que la muestra no consideraba realmente a “los países del mundo”. El 2003 Chile no participó, y sólo con los resultados PISA 2006 supimos que habíamos aumentado notablemente los resultados de aprendizaje. En la prensa apenas salieron algunas reseñas, nada de titulares. Este año 2009 la prensa y el gobierno se vieron en un lío. Lejos del discurso de un estancamiento durante todo el periodo de la Concertación, se nota un notable avance en la última década, pero en vez de admitirlo, dicen “estos resultados muestran la urgencia de una reforma”, poniendo total hincapié en que estamos debajo de Portugal y el resto de los países de la OECD.

Lo último es una mentalidad política que es necesario cambiar. Cualquier líder que se jacte de ser bueno sabe que un buen diagnóstico reconoce fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas (Matriz FODA le dicen los economistas), y sin embargo los políticos de todos los sectores se han concentrado en reconocer sólo las debilidades y amenazas, sin reconocer un potencial que tiene nuestro país y que debe ser explotado. Como siempre, se analiza y legisla en función de mejorar la imagen política propia o desprestigiar la ajena, quedando la educación en un segundo plano. No diré que estamos bien, pero no estamos tan mal como lo pintan, y ya va siendo hora de reconocer los avances pasados para potenciarlos en el futuro.

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