Archivos para septiembre, 2010

 

 

 

 

 

 

 

Han inaugurado el primero de los 50 Liceos de Excelencia que el presidente Piñera prometió en su campaña presidencial y, posteriormente, en el discurso del 21 de mayo. 50 liceos que incorporarán a los mejores alumnos de los establecimientos más vulnerables del país, los cuales ingresarán a partir de séptimo básico. “La más rápida vía a la movilidad social” dice el ministro de educación, Joaquín Lavín.

Lindo cuento. De hecho, es realmente una oportunidad para muchos. 90 alumnos por generación, 50 liceos, estamos hablando de 4.500 alumnos que anualmente egresarán de una escuela con buenos resultados SIMCE y quizás con buenos resultados PSU, lo que conllevaría a la oportunidad de ganar becas para proseguir los estudios. ¿Cómo estar en contra de una medida así? La verdad es que no se puede. Pero sí se puede estar en contra de la lista de prioridades del gobierno, y aquí claramente la prioridad está en que las autoridades salgan en televisión y que las casacas rojas se vean a lo largo del país.

Los recursos y el tiempo son limitados. Cualquiera que haya tenido una o dos clases de economía básica entiende este axioma y sabe que, por lo tanto, el secreto del progreso no reside principalmente en tener muchos recursos, sino en optimizar los disponibles. Aquí esto no se hace pues, por el contrario, se enfocarán muchos recursos en apenas 4.500 alumnos por año, o 27.000 simultáneamente, cuando la matrícula el último año en educación regular fue de casi 3.300.000 alumnos. Es decir, se está beneficiando a menos del 1% de la matrícula total.

Inmediatamente saldrán a criticarme los amantes del libre mercado y del progreso “por goteo”. Me dirán que los alumnos hasta sexto básico se esforzarán más por aprender para poder entrar a estos liceos, y desde séptimo en adelante las escuelas tendrán más competencia y, por lo tanto, se verán en la obligación de mejorar. Sin embargo, y como ya he dicho anteriormente, hay cosas en las que las leyes de mercado no operan, y una de ellas es la educación, pues los niños (a menos que sean muy maduros para su edad) no aprecian la diferencia entre un buen y un mal colegio y los jóvenes lo hacen sólo si tienen familias que valoran la educación como medio de movilidad social, apreciación que lamentablemente es bastante desigual y depende en gran parte de la educación de los padres. Es decir, el mercado no opera porque hay demasiados elementos hereditarios como para que la racionalidad necesaria exista.

Ahora bien, internémonos dentro de la lógica que está detrás de los liceos de excelencia y el sistema de incentivos y castigos (aunque no estemos de acuerdo con esto) y notaremos otro problema. ¿Qué motivación tendrán las escuelas para preparar alumnos para que logren ingresar a un liceo de excelencia? Con nuestro actual sistema de subvenciones, perder matrícula es perder dinero, así que lo mejor para una escuela es que el niño no se vaya a un liceo de excelencia. Si no quieren dejar de funcionar con lógicas de mercado, entonces se debería incentivar a las escuelas a preparar a sus alumnos para buscar mejores oportunidades, ya sea manteniendo la suvención después de que el niño haya abandonado para ingresar a un liceo de excelencia, o dando un premio por éste. Sin embargo, con esto se corre el peligro de que los docentes se enfoquen mucho en los buenos alumnos para hacerlos triunfar y se olviden de los que más necesitan atención.

Por otro lado, existen muchos sesgos en la selección de alumnos. El 70%  de la matrícula estará comprendida por alumnos que pasen una prueba de selección. Si bién sólo se admitirán alumnos de las escuelas más vulnerables del país (lo que me parece bien), dentro de este grupo los de mayor rendimiento habitualmente son niños de familias interesadas por su educación y su futuro. El otro 30% será elegido al azar entre los postulantes, carta maestra, comunicacionalmente hablando, del gobierno, pues suena bonito que se le dé la oportunidad a todos. Sin embargo, para todo proyecto existe un sesgo importante de autoselección. Esto significa, en terminos generales, que principalmente niños con padres preocupados de su educación, que entienden su importancia, entrarán al proceso de selección. Tampoco estoy seguro de que hagan liceos en zonas rurales, aunque lo dudo mucho por lo costoso que es y la escasa matrícula que reporta.

Con todo esto, sólo caigo en la conclusión de que “Educación igual para todos” no es un concepto con el que el actual gobierno se familiarice (tampoco sé si alguno de los gobiernos anteriores lo hizo). El nuevo concepto es “oportunidades para los mejores y nada para los peores”, sin siquiera hacer un esfuerzo por entender por qué los mejores son los mejores y los peores son los peores. Aunque sinceramente, cada vez más veo que las actuales políticas tienden a tener más impacto comunicacional que educativo.

Anuncios