Sobrevaloración Profesional y Subvaloración Técnica

Publicado: agosto 7, 2010 en Opinión

Esta semana fueron publicados los resultados de la encuesta CASEN sobre educación. Aumento de la escolaridad y alta brecha por nivel socioeconómico fueron algunos resultados clave, aunque un dato que causó gran revuelo en los medios fue la excesiva desigualdad entre personas con o sin educación superior.

El ingreso de alguien con sólo educación media apenas llega a la mitad de lo que ganaría alguien con estudios técnicos o carrera de 4 años, un tercio de lo que ganaría alguien con estudios universitarios y un sexto de lo que gana alguien con estudios de postgrado. Esto no sería alarmante de no ser porque el acceso a la educación superior es muy desigual. Una persona del decil más rico del país tiene un 61,5% de probabilidades de acceder a la educación superior, mientras que esta cifra disminuye a 16,4% en el decil más vulnerable. Todo esto causa una reproducción constante de las clases sociales y una feroz inamovilidad social.

Nada nuevo bajo el sol en este sentido. Los datos siempre han mostrado esta brecha, e incluso se muestra una mejora desde la última medición el año 2006. Por lo mismo, no me detendré en este punto. Lo que me llama profundamente la atención es que todos observan el brutal aumento de ingresos con educación superior, pero nadie ha hecho hincapié en los datos de ingreso que están entre los 0 y los 12 años de educación.

Los datos muestran una realidad bastante deprimente para muchos: la educación básica prácticamente no otorga beneficios en los ingresos, y la educación media no alcanza a otorgar más de $90.000. Se trata de 12 años que para muchos no generan más que conocimientos (y ni siquiera eso, considerando que la mayoría no entiende lo que lee), pero siendo pragmáticos, con conocimientos no se pagan las cuentas.

El problema entonces es el siguiente: si no hay posibilidades de acceso a la educación superior, y la educación básica y media no agrega mucho valor ¿Cómo motivar a los alumnos a estudiar, aprender y obtener buenos resultados de aprendizaje?

Liceos Técnico-Profesionales

La solución no podría estar en el mercado laboral, forzando los sueldos según años educación, pues signifiaría un esfuerzo inhumano para regular un mercado que, según teorías básicas de la economía, lo harían menos eficiente. La clave parte desde la educación, pricipalmente desde la educación técnica.

En países desarrollados la proporción entre técnicos y profesionales es de 3 técnicos por 1 profesional. En Chile, en tanto, es de 1 técnico por 3 profesionales. La educación superior se ha concentrado erradamente en las carreras universitarias, problema generado por un desprestigio irracional por las carreras técnicas, cuando lo cierto es que las últimas podrían ser la solución para miles de alumnos de enseñanza media, independiente de su clase social, que no tienen las habilidades cognitivas que se requieren para una carrera profesional, pero podrían ser unos excelentes técnicos, e incluso ser más exitosos que muchos profesionales.

En vez de eso, tenemos una explosión de universidades privadas que admiten alumnos de cualquier tipo sólo para aumentar su matrícula, y un montón de alumnos, sobre todo de clases sociales altas, que con muchas capacidades técnicas terminan estudiando carreras que no son acordes a sus capacidades. Por otro lado, existe un número muy alto de alumnos que no tiene acceso a este tipo de carreras por su altísimo costo.

Si se observan bien los datos, el promedio de ingresos con 13 años de estudios (que para muchos es haber terminado un liceo técnico-profesional) ya hace una notable diferencia con su año anterior, y 16 años de estudio (generalmente con carreras técnicas o carreras profesionales de 4 años) ya el ingreso sube casi a $700.000 mensuales.

Si bien el acceso a la educación superior incluye el bajo acceso a carreras técnicas, existe siempre la opción de los liceos técnico-profesionales, y no sólo para alumnos de escasos recursos, sino para todos. Este tipo de liceos serían la solución para muchos que no pueden pagar inmediatamente estudios superiores, pues otorga habilidades que permiten un mejor desempeño en el mundo laboral, y que incluso podrían dar la posibilidad de ahorrar para continuar en un instituto técnico después. También sería una solución para muchos alumnos cuyas habilidades no calzan con las exigencias universitarias, no porque estas habilidades sean menos o peores que aquellos que si pueden tener éxito como profesionales (como supone la lógica de una prueba de selección universitaria estandarizada), sino porque son distintas, y podrían calzar mucho más con un empleo técnico y permitirles alcanzar el mismo éxito. Por último, beneficiaría a la sociedad en general, pues disminuirían la brecha socioeconómica, reducirían la absurda sobrepoblación de ciertas profesiones (como periodismo o psicología) y aumentaría la eficiencia y eficacia del capital humano.

Mientras siga el estigma de que los técnicos son peores, menos exitosos e, incluso, menos inteligentes, no será posible regular esto. Se debe generar una fuerte campaña de incentivo que convenza a las masas de que las carreras técnicas no son una segunda opción, y que las habilidades técnicas no son peores, sino distintas. Si sólo un año adicional puede generar cambios importantes, si los egresados de liceos técnicos logran generar más ingresos, y si existe demanda de técnicos en en el mercado, se debe aumentar este tipo de establecimientos y hacerlos de calidad.

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comentarios
  1. Ariel dice:

    Estimado,

    Me gusta mucho tu artículo, especialmente el argumento final es algo en lo que creo firmemente. Pienso que a eso hay que añadir un elemento, esto es que no sólo no se ha hecho una campaña como la que propones, sino que como sociedad hemos construido y construimos diariamente, discursivamente, la idea de que la universidad para todos es el camino a la igualdad, lo cual es mentira. En eso las responsabilidades bajan desde los políticos de derecha a los estudiantes universitarios de izquierda, cada vez que se debaten temas como el ingreso a la universidad. Hay que atreverse a decir que la universidad no es para todos, porque no tiene que serlo, hay quienes disfrutan y tienen habilidades para ello, y quienes no, pero el discurso “universidadizante” nos tiene comido el cerebro y nos imposibilita pensar en medidas que efectivamente vayan hacia la igualdad (para los que la quieren) o incluso la equidad (si se quiere).

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