Becas de Pedagogía: Sí pero No

La propuesta resulta alentadora. La idea es que los jóvenes tengan un nuevo incentivo para estudiar pedagogía, y así en el futuro tengamos mejores profesores. Pero como nada es blanco o negro, y todo tiene matices, presento a continuación mi opinión sobre lo bueno, lo malo y lo cuestionable de esta nueva política.

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Hace unas semanas el ministro Lavín presento las becas para quienes quieran estudiar pedagogía. Los requisitos: sobre 600 puntos ponderados en la prueba PSU para tener la beca, si se tiene sobre 700 puntos irá acompañado de un bono de $80.000 para el bolsillo, y sobre 720, la oportunidad de realizar una pasantía en el extranjero. Además, la universidad de ingreso debe exigir al menos 500 puntos en la prueba.

La propuesta resulta alentadora. La idea es que los jóvenes tengan un nuevo incentivo para estudiar pedagogía, y así en el futuro tengamos mejores profesores. Pero como nada es blanco o negro, y todo tiene matices, presento a continuación mi opinión sobre lo bueno, lo malo y lo cuestionable de esta nueva política.

Lo Bueno

Sobre todo, lo que mejor me parece es que se está dando una señal política importante: la voluntad de ejecutar políticas de largo plazo. Claramente una política como esta recién tendría resultados en un mínimo de 6 años, aunque realmente no habrá cambios significativos hasta que un buen número de estudiantes de pedagogía egrese y otro tanto de docentes mal formados abandone la profesión. Aún así, y sabiendo que no habrá resultados hasta pasado el actual gobierno de turno, se ha optado por una política largoplacista, mostrando la voluntad política que tanto ha hecho falta.

Por otro lado, cabe destacar que es una beca que ya existía de cierto modo, aunque con algunas modificaciones. Lo positivo es que esta beca fue bien publicitada (la otra muchos venimos enterándonos recién de que existía), por lo que podría cumplir un rol incentivador (que es el espíritu de esta beca) más que la antigua, que cumplía más bien un rol auxiliador.

Por último, es importante notar que sí las universidades que exigen al menos 500 puntos hoy son pocas, pero si aumenta la demanda, otras universidades se deberán acoplar a esta iniciativa. Lo otro que puede pasar es que aquellos que podrían ingresar a universidades sin este requisito optarán por las universidades mejores, y por falta de matrícula las malas casas de estudio podrían desaparecer, lo que en mi opinión sería bastante positivo.

Lo Malo

Puede ser un arma de doble filo, pues podrían entrar alumnos motivados más por la facilidad de ingreso a la carrera que por verdadera vocación.Si bien no creo que sea un número de casos importantes, se debe tener cuidado en esto.

Bien es cierto que no soy simpatizante con la prueba de selección universitaria, pues considero que una prueba estandarizada no logra captar las habilidades específicas que se requieren para cada carrera. Yo saqué mucho más de 720 puntos, y la verdad es que sería un pésimo profesor. Además, que utilicen el promedio ponderado puede corromper a las escuelas, dando más peso en la ponderación en las pruebas en que generalmente se tienen mejores puntajes, o en las notas de enseñanza media. Si se quiere estandarizar, deberían tener todas las carreras de pedagogía los mismos criterios de ponderación, o usarse sólo el promedio entre lenguaje y matemáticas para la beca.

Por último, sabiendo que en general son los alumnos de clases sociales altas los que obtienen más de 700 puntos, el beneficio de los $80.000 (que salen de fondos públicos) se vuelve bastante cuestionable si lo que se intenta es disminuír la inequidad. De todas formas, como ya mencioné, el objetivo de esta beca es incentivar, no ayudar, por lo que no debería ser tan negaivo este tema.

Lo cuestionable

Personalmente no sé qué tanto vaya a servir esta medida si no hay condiciones de trabajo para los docentes que sean razonables. Se están incentivando 5 años de carrera en vez de 40 de trabajo. Si bien comprendo que aumentar los sueldos de profesores destacados es mucho más costoso que lo que costarán estas becas, la sensación que queda es que partimos por el otro lado. Un estudiante, antes de entrar a estudiar, le tomará el peso a la vida que va a llevar, mucho más de los 5 años que se mantenga en la universidad.

Además, sinceramente no sé cuanta gente va a llegar exclusivamente por este beneficio. De las personas que obtienen más de 600 puntos y no entran a pedagogía ¿cuántos no entran por factores económicos como el no poder pagar la carrera? ¿Es realmente un buen incentivo?

Por último, por mucho que entre gente a estudiar pedagogía, mientras la formación de docentes dentro de las universidades siga siendo deficiente, dificilmente se logrará mucho. Se debe tener especial preocupación por los alumnos que ahora estudian pedagogía, que hoy son cerca de cien mil.

Como siempre digo, la solución a la educación es sistémica. Si las becas no se ven acompañadas de otras iniciativas, como la mayor formación contínua, el apoyo a los profesores, y la mejora de los sueldos, entre otras, dificilmente se logrará obtener los docentes de calidad que tanto se necesitan.

SIMCE: Herramienta y Uso

La función real de SIMCE es una sola: medir los conocimientos y habilidades cognitivas de los niños. Todo lo demás es secundario, y muchas veces otra interpretación puede ser errada. En este sentido, se deben hacer bastantes consideraciones antes de leer los datos y hablar o actuar sobre ellos.

Si tenemos un martillo pero no sabemos martillar, por muy buena que sea la herramienta lo más probable es que terminemos machacándonos los dedos. Algo parecido pasa con las herramientas de medición en educación: son muy buenas, pero no sabemos utilizarlas de la forma adecuada, por lo que terminamos enfrascados en discusiones absurdas.

Año a año aparecen los resultados SIMCE, y año a año tenemos las mismas discusiones. Más allá del diagnóstico, muchos critican la misma herramienta: qué es mala, que no considera las diferencias, que no mide los aprendizajes, las habilidades, la capacidad de la escuela, etc.

La función real de SIMCE es una sola: medir los conocimientos y habilidades cognitivas de los niños. Todo lo demás es secundario, y muchas veces otra interpretación puede ser errada. En este sentido, se deben hacer bastantes consideraciones antes de leer los datos y hablar o actuar sobre ellos.

1. SIMCE no mide los aprendizajes.
El aprendizaje es el proceso a través del cual se adquieren nuevas habilidades y conocimientos. Al ser un proceso, sólo puede medirse tomando la diferencia de conocimientos o habilidades en dos o más momentos. SIMCE es una prueba que mide los conocimientos de un niño o joven en un punto determinado del tiempo, sin considerar un momento anterior, por lo que no se puede decir que mide exactamente “aprendizaje”, sino sólo “conocimiento y habilidades”

2. SIMCE no mide la calidad y efectividad de una escuela.
Si SIMCE no mide los aprendizajes, menos puede medir la calidad de una escuela. No se conoce el estado inicial del niño (antes de la escuela), ni se sabe si los conocimientos que se tienen los aprendió dentro o fuera de su establecimiento educativo. Muchos niños aprenden en sus casas por el apoyo de sus padres o incluso con profesores particulares.

3. SIMCE no considera las diferencias de contexto
Ni debería hacerlo. La gracia de una prueba estandarizada es que sea igual para todos. Luego, dependiendo del análisis que se realice, se considerarán factores que vayan más allá de la prueba, como el contexto socioeconómico o la zona geográfica donde se encuentre el establecimiento.

4. SIMCE no es una mala herramienta.
No un ranking, no una buena forma de postular a subvenciones o premios, no una razón para castigar. SIMCE es un monitoreo de los conocimientos de los niños a cierta edad y punto. Si se toman en cuenta los tres puntos anteriores, SIMCE es una excelente herramienta. Lo que parece no funcionar es la interpretación que se le da.

Se deben tener en cuenta las limitaciones de la prueba SIMCE al momento de analizar los resultados. La desigualdad de conocimientos no es lo mismo que la desigualdad de aprendizajes dentro de la escuela. SIMCE muestra muy bien que las destrezas cognitivas entre distintos grupos socioeconómicos son muy desiguales, o que los conocimientos de una generación pueden ser mayores o menores que otra; pero, aunque exista correlación, no muestra aprendizajes, ni mucho menos calidad escolar comparada.

Parece absurdo, teniendo en cuenta esto, que sigamos haciendo rankings de escuelas, y mucho más absurdo que se otorguen premios o castigos por estos puntajes. Estamos intentando taladrar con un martillo, por lo que tenemos dos opciones: o cambiamos la herramienta, o cambiamos el uso que le damos.

Sobrevaloración Profesional y Subvaloración Técnica

En países desarrollados la proporción entre técnicos y profesionales es de 3 técnicos por 1 profesional. En Chile, en tanto, es de 1 técnico por 3 profesionales. La educación superior se ha concentrado erradamente en las carreras universitarias, problema generado por un desprestigio irracional por las carreras técnicas, cuando lo cierto es que las últimas podrían ser la solución para miles de alumnos de enseñanza media, independiente de su clase social, que no tienen las habilidades cognitivas que se requieren para una carrera profesional, pero podrían ser unos excelentes técnicos, e incluso ser más exitosos que muchos profesionales.

Esta semana fueron publicados los resultados de la encuesta CASEN sobre educación. Aumento de la escolaridad y alta brecha por nivel socioeconómico fueron algunos resultados clave, aunque un dato que causó gran revuelo en los medios fue la excesiva desigualdad entre personas con o sin educación superior.

El ingreso de alguien con sólo educación media apenas llega a la mitad de lo que ganaría alguien con estudios técnicos o carrera de 4 años, un tercio de lo que ganaría alguien con estudios universitarios y un sexto de lo que gana alguien con estudios de postgrado. Esto no sería alarmante de no ser porque el acceso a la educación superior es muy desigual. Una persona del decil más rico del país tiene un 61,5% de probabilidades de acceder a la educación superior, mientras que esta cifra disminuye a 16,4% en el decil más vulnerable. Todo esto causa una reproducción constante de las clases sociales y una feroz inamovilidad social.

Nada nuevo bajo el sol en este sentido. Los datos siempre han mostrado esta brecha, e incluso se muestra una mejora desde la última medición el año 2006. Por lo mismo, no me detendré en este punto. Lo que me llama profundamente la atención es que todos observan el brutal aumento de ingresos con educación superior, pero nadie ha hecho hincapié en los datos de ingreso que están entre los 0 y los 12 años de educación.

Los datos muestran una realidad bastante deprimente para muchos: la educación básica prácticamente no otorga beneficios en los ingresos, y la educación media no alcanza a otorgar más de $90.000. Se trata de 12 años que para muchos no generan más que conocimientos (y ni siquiera eso, considerando que la mayoría no entiende lo que lee), pero siendo pragmáticos, con conocimientos no se pagan las cuentas.

El problema entonces es el siguiente: si no hay posibilidades de acceso a la educación superior, y la educación básica y media no agrega mucho valor ¿Cómo motivar a los alumnos a estudiar, aprender y obtener buenos resultados de aprendizaje?

Liceos Técnico-Profesionales

La solución no podría estar en el mercado laboral, forzando los sueldos según años educación, pues signifiaría un esfuerzo inhumano para regular un mercado que, según teorías básicas de la economía, lo harían menos eficiente. La clave parte desde la educación, pricipalmente desde la educación técnica.

En países desarrollados la proporción entre técnicos y profesionales es de 3 técnicos por 1 profesional. En Chile, en tanto, es de 1 técnico por 3 profesionales. La educación superior se ha concentrado erradamente en las carreras universitarias, problema generado por un desprestigio irracional por las carreras técnicas, cuando lo cierto es que las últimas podrían ser la solución para miles de alumnos de enseñanza media, independiente de su clase social, que no tienen las habilidades cognitivas que se requieren para una carrera profesional, pero podrían ser unos excelentes técnicos, e incluso ser más exitosos que muchos profesionales.

En vez de eso, tenemos una explosión de universidades privadas que admiten alumnos de cualquier tipo sólo para aumentar su matrícula, y un montón de alumnos, sobre todo de clases sociales altas, que con muchas capacidades técnicas terminan estudiando carreras que no son acordes a sus capacidades. Por otro lado, existe un número muy alto de alumnos que no tiene acceso a este tipo de carreras por su altísimo costo.

Si se observan bien los datos, el promedio de ingresos con 13 años de estudios (que para muchos es haber terminado un liceo técnico-profesional) ya hace una notable diferencia con su año anterior, y 16 años de estudio (generalmente con carreras técnicas o carreras profesionales de 4 años) ya el ingreso sube casi a $700.000 mensuales.

Si bien el acceso a la educación superior incluye el bajo acceso a carreras técnicas, existe siempre la opción de los liceos técnico-profesionales, y no sólo para alumnos de escasos recursos, sino para todos. Este tipo de liceos serían la solución para muchos que no pueden pagar inmediatamente estudios superiores, pues otorga habilidades que permiten un mejor desempeño en el mundo laboral, y que incluso podrían dar la posibilidad de ahorrar para continuar en un instituto técnico después. También sería una solución para muchos alumnos cuyas habilidades no calzan con las exigencias universitarias, no porque estas habilidades sean menos o peores que aquellos que si pueden tener éxito como profesionales (como supone la lógica de una prueba de selección universitaria estandarizada), sino porque son distintas, y podrían calzar mucho más con un empleo técnico y permitirles alcanzar el mismo éxito. Por último, beneficiaría a la sociedad en general, pues disminuirían la brecha socioeconómica, reducirían la absurda sobrepoblación de ciertas profesiones (como periodismo o psicología) y aumentaría la eficiencia y eficacia del capital humano.

Mientras siga el estigma de que los técnicos son peores, menos exitosos e, incluso, menos inteligentes, no será posible regular esto. Se debe generar una fuerte campaña de incentivo que convenza a las masas de que las carreras técnicas no son una segunda opción, y que las habilidades técnicas no son peores, sino distintas. Si sólo un año adicional puede generar cambios importantes, si los egresados de liceos técnicos logran generar más ingresos, y si existe demanda de técnicos en en el mercado, se debe aumentar este tipo de establecimientos y hacerlos de calidad.